Cuando Tomás llegó agitando su boletín, parecía que hubiera ganado un campeonato mundial. Entró corriendo levantando el papel como un trofeo.
—¡Aprobé! ¡Aprobé!
¡Aprobé en Literatura! —gritaba con una sonrisa de oreja a oreja.
Su madre dejó de
cocinar por un momento y su padre bajó lentamente el periódico.
—¿Cuánto sacaste?
—preguntó su madre.
Tomás infló el pecho
con orgullo. —¡Cincuenta y uno!
Hubo un silencio
extraño. —¿Cincuenta y uno sobre cien? —preguntó el padre.
—¡Sí! Pero aprobé.
Tomás no entendía por
qué sus padres no compartían su entusiasmo pasó la materia, con la nota mínima
de 5, pero eso era un detalle sin importancia. Aquella noche celebró como si
hubiera obtenido la calificación más alta del curso.
Sus padres sonrieron
y escucharon sin discutir. Pero, intercambiaron algunas miradas.
A la mañana siguiente
recibió medio sándwich, media manzana y solo 5 Bs (cuando siempre le daban 10).
También había una nota: "51% de recreo. ¡Felicitaciones!"
Tomás pensó que era
una broma, sin embargo, al volver del colegio su madre le sirvió exactamente la
mitad de su comida favorita.
—¿Y el resto?
—preguntó confundido.
—No hace falta más
—respondió ella con total naturalidad—. Con un poco más de la mitad debería ser
suficiente.
Cuando pidió refresco
recibió medio vaso. Cuando quiso ver una película, su padre le permitió verla
solo hasta la mitad.
—¿Y el final?
—protestó.
—Lo importante es
haber visto más del cincuenta por ciento —respondió su padre apagando el
televisor.
El colmo llegó cuando
fueron a comprar zapatillas. Su padre le entregó una caja con unas zapatillas
tan gastadas que parecían haber sobrevivido a una persecución de dinosaurios.
—¿Qué es esto?
—preguntó horrorizado.
—Tus nuevas
zapatillas.
—¡Pero están
destruidas!
—No exageres —dijo su
padre—. Conservan aproximadamente la mitad de su utilidad.
Tomás estuvo a punto
de un colapso. Esa misma noche, después de recibir media porción de postre y
solo la mitad del tiempo para jugar videojuegos, explotó.
—¡Ya basta! ¡Esto es
absurdo!
Sus padres
asintieron. —Tienes razón —dijo su madre.
—Entonces, ¿por qué
hacen esto?
Su padre tomó el
boletín y lo colocó sobre la mesa. —Porque llevas una semana celebrando haber
conseguido apenas la mitad de lo que realmente podías lograr.
—No estamos
decepcionados por tu nota —continuó su madre—. Está bien que hayas aprobado. Lo
que nos preocupa es que actúes como si no pudieras aspirar a algo mejor.
—El problema no es el
51, el problema es conformarse con él.
Por fin Tomás observó
su boletín de una manera distinta. Comprendió que se había conformado con tan
poco, cuando en la vida siempre pedía el cien por ciento de todo.
Se levanto temprano
para estudiar y afirmó a su mamá: —Voy a buscar la otra mitad.
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