martes, 29 de septiembre de 2026

La aritmética del medio esfuerzo

 Cuando Tomás llegó agitando su boletín, parecía que hubiera ganado un campeonato mundial. Entró corriendo levantando el papel como un trofeo.

—¡Aprobé! ¡Aprobé! ¡Aprobé en Literatura! —gritaba con una sonrisa de oreja a oreja.

Su madre dejó de cocinar por un momento y su padre bajó lentamente el periódico.

—¿Cuánto sacaste? —preguntó su madre.

Tomás infló el pecho con orgullo. —¡Cincuenta y uno!

Hubo un silencio extraño. —¿Cincuenta y uno sobre cien? —preguntó el padre.

—¡Sí! Pero aprobé.

Tomás no entendía por qué sus padres no compartían su entusiasmo pasó la materia, con la nota mínima de 5, pero eso era un detalle sin importancia. Aquella noche celebró como si hubiera obtenido la calificación más alta del curso.

Sus padres sonrieron y escucharon sin discutir. Pero, intercambiaron algunas miradas.

A la mañana siguiente recibió medio sándwich, media manzana y solo 5 Bs (cuando siempre le daban 10). También había una nota: "51% de recreo. ¡Felicitaciones!"

Tomás pensó que era una broma, sin embargo, al volver del colegio su madre le sirvió exactamente la mitad de su comida favorita.

—¿Y el resto? —preguntó confundido.

—No hace falta más —respondió ella con total naturalidad—. Con un poco más de la mitad debería ser suficiente.

Cuando pidió refresco recibió medio vaso. Cuando quiso ver una película, su padre le permitió verla solo hasta la mitad.

—¿Y el final? —protestó.

—Lo importante es haber visto más del cincuenta por ciento —respondió su padre apagando el televisor.

El colmo llegó cuando fueron a comprar zapatillas. Su padre le entregó una caja con unas zapatillas tan gastadas que parecían haber sobrevivido a una persecución de dinosaurios.

—¿Qué es esto? —preguntó horrorizado.

—Tus nuevas zapatillas.

—¡Pero están destruidas!

—No exageres —dijo su padre—. Conservan aproximadamente la mitad de su utilidad.

Tomás estuvo a punto de un colapso. Esa misma noche, después de recibir media porción de postre y solo la mitad del tiempo para jugar videojuegos, explotó.

—¡Ya basta! ¡Esto es absurdo!

Sus padres asintieron. —Tienes razón —dijo su madre.

—Entonces, ¿por qué hacen esto?

Su padre tomó el boletín y lo colocó sobre la mesa. —Porque llevas una semana celebrando haber conseguido apenas la mitad de lo que realmente podías lograr.

—No estamos decepcionados por tu nota —continuó su madre—. Está bien que hayas aprobado. Lo que nos preocupa es que actúes como si no pudieras aspirar a algo mejor.

—El problema no es el 51, el problema es conformarse con él.

Por fin Tomás observó su boletín de una manera distinta. Comprendió que se había conformado con tan poco, cuando en la vida siempre pedía el cien por ciento de todo.

Se levanto temprano para estudiar y afirmó a su mamá: —Voy a buscar la otra mitad.

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